Lejana
Percibo tu obstinado gemido,
tus manos ulcerosas
despliegan
e intentan
asirse a la balsa.
Tus entrañas querellan
con arañas hiladoras
de recuerdos arrugados.
Lejos clamas por tu Itaca.
Tal vez
si regresas
te pierdas errante
en estéril pasado
deambulando entre calles
de olores putrefactos
y en el espejo de un café aguachento
halles a otra que no conocías.
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